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Presupuesto 2026 para Sonora: Inversión, Deuda y Prioridades



El presupuesto de 92.5 mil millones de pesos para Sonora en 2026 representa un

incremento de apenas 3.5% respecto a 2025. En un contexto inflacionario, esto equivale prácticamente a mantener el gasto real, no a expandirlo. La pregunta fundamental es: ¿estamos invirtiendo inteligentemente o simplemente gastando más?


El dilema de la deuda: ¿inversión productiva o hipoteca del futuro?


Sonora enfrenta una deuda superior a 30 mil millones de pesos y se posiciona como la octava entidad más endeudada del país. Añadir 1,500 millones más en 2026 requiere un análisis riguroso:


La deuda puede ser herramienta o trampa:


Virtuosa cuando financia infraestructura que genera retorno económico, empleos y desarrollo sostenible

Peligrosa cuando se usa para gasto corriente o proyectos sin planeación estratégica clara


Pregunta crucial para la ciudadanía


¿Las obras propuestas generarán suficiente valor económico y social para justificar el endeudamiento adicional? La respuesta requiere transparencia total sobre estudios de factibilidad, impacto económico proyectado y mecanismos de seguimiento.


Hermosillo: capital emergente con necesidades urgentes


La inversión de 1,294 millones en Hermosillo debe evaluarse contra sus necesidades reales:


Prioridades cuestionables

Carretera a Bahía de Kino (700 MDP total): Puede impulsar turismo, pero ¿es prioritaria sobre infraestructura básica?

La Sauceda (200 MDP adicionales): Una obra ya cuestionada por transparencia y calidad recibe más recursos sin aparente rendición de cuentas


Necesidades desatendidas

Drenaje: Sistema obsoleto, colapsos frecuentes

Baches: Deterioro vial crónico que afecta movilidad y economía

Agua: Crisis hídrica estructural que requiere inversión masiva

Seguridad: Demanda infraestructura, tecnología y estrategia integral


Visión nacional e internacional: el riesgo del rezago


Contexto comparativo

Otras capitales mexicanas están invirtiendo estratégicamente en:

Infraestructura digital y smart cities

Sistemas de transporte público eficiente

Resiliencia climática y gestión del agua

Atracción de inversión mediante competitividad real


El problema de Hermosillo


Sin contrapesos legislativos efectivos y con un Congreso de mayoría oficialista que aprueba sin cuestionar, Hermosillo pierde competitividad cada año. Las empresas consideran en sus analisis para toma de desiciones: Calidad de vida para empleados,

Infraestructura confiable, servicios públicos eficientes, certidumbre jurídica y transparencia y mejora regulatoria eficiente.


El tiempo no está de nuestro lado. Cada año sin resolver lo básico es un año perdido frente a Querétaro, Aguascalientes, Mérida o Monterrey.


Hacia un presupuesto participativo y estratégico


Transparencia radical

  1. Portal público en tiempo real con desglose de cada peso invertido

  2. Indicadores de impacto medibles para cada obra pública

  3. Auditorías ciudadanas con participación de organizaciones independientes


Priorización inteligente

Criterios para inversión pública:

Resolver necesidades básicas antes que proyectos de desarrollo

Estudios costo-beneficio públicos y accesibles

Consultas ciudadanas vinculantes para obras mayores


Contrapesos institucionales

Congreso independiente que fiscalice realmente

Comités técnicos ciudadanos en evaluación de proyectos

Consecuencias para funcionarios que aprueban obras deficientes


Conciencia social: el poder está en la información


Hermosillo Como Vamos y organizaciones similares son esenciales para:

Visibilizar estos temas

Comparar contra otras ciudades

Empoderar a ciudadanos con datos


Acciones concretas ciudadanas

  1. Exigir rendición de cuentas en redes sociales y espacios públicos

  2. Participar en consultas cuando se ofrezcan

  3. Monitorear obras en su colonia, documentar y denunciar irregularidades

  4. Votar informadamente considerando el historial de gestión fiscal


Conclusión: construir el futuro que merecemos


Sonora y Hermosillo tienen potencial enorme, pero el modelo actual de gestión pública no está a la altura del desafío. No es momento de resignación sino de exigencia constructiva.


La pregunta no es si tenemos recursos suficientes, sino si estamos invirtiendo inteligentemente en el futuro que queremos heredar. Un futuro donde la deuda financie prosperidad, no mediocridad; donde la obra pública responda a necesidades reales, no a ocurrencias políticas.


El cambio comienza con ciudadanos informados que exigen más. Y ese momento es ahora.

 
 
 

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