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Cobre peruano, plata mexicana: la alianza que nadie está negociando

hace 7 minutos
5 min de lectura

MINERÍA | VISIÓN BINACIONAL


México y Perú acaban de restablecer relaciones diplomáticas. La agenda minera entre ambos países está en blanco, y Sonora tiene razones de sobra para escribir el primer capítulo.


Por Aurora Retes Dousset, Directora Editorial, Voz Empresarial


El 7 de agosto de 2026, México y Perú anunciaron la reanudación de sus relaciones diplomáticas, rotas desde noviembre de 2025 por el asilo que el gobierno mexicano otorgó a la exprimera ministra peruana Betssy Chávez. Doce días después, las cancillerías se sentaron por primera vez y acordaron reconstruir la agenda bilateral.


En esa agenda falta un tema que debería estar en la primera línea: la minería. Hablamos de dos de las mayores potencias mineras del planeta, con problemas que se reflejan como en un espejo y con capacidades que se complementan casi a la perfección.


La pregunta no es si conviene una alianza minera entre ambos países. La pregunta es quién la va a proponer primero.


Dos minerías, dos especialidades

Perú es una potencia del cobre. De acuerdo con el Instituto de Ingenieros de Minas del Perú, posee la segunda mayor reserva cuprífera del mundo, alrededor de 110 millones de toneladas, y la minería genera cerca del 60 % de sus exportaciones.


México es la potencia de la plata. Según el World Silver Survey 2026, el país produjo 172.9 millones de onzas en 2025 y se mantuvo como primer productor mundial. Pero la ventaja se estrecha: fue el tercer año consecutivo de caída, mientras Perú creció 7 % hasta 130.6 millones de onzas.


Aquí aparece un dato que cambia el ángulo para nuestra región: Sonora es el principal productor de cobre de México. En su perfil minero, Sonora se parece más a Perú que al resto del país. Esa afinidad es la base natural de cualquier acuerdo.


En su perfil minero, Sonora se parece más a Perú que al resto de México. Ahí empieza la alianza.



Uno acelera, el otro frena

La diferencia más dura entre ambos países no es geológica, es de rumbo. El Ministerio de Energía y Minas peruano estima una inversión minera cercana a 6,300 millones de dólares en 2026, con una cartera de proyectos que supera los 64,000 millones.


México va en sentido contrario. De acuerdo con la Cámara Minera de México, la inversión en proyectos nuevos cayó 49.2 % en 2025, a 166.8 millones de dólares, el nivel más bajo desde 2004. Hay unos 11,000 millones de dólares en proyectos detenidos por falta de autorizaciones, el PIB minero retrocedió 3.2 % y el empleo formal del sector cayó 4 %.


La causa que señala la industria es la parálisis en el otorgamiento de concesiones y permisos de exploración desde la reforma a la Ley Minera de 2023. Los gremios lo resumen en una palabra: incertidumbre.


Cada quien con su herida

La herida de Perú es la ilegalidad. Según el Instituto Peruano de Economía, hace dos décadas el oro legal superaba al ilegal por 190 toneladas; hoy la diferencia es de apenas tres. El registro de formalización minera, conocido como Reinfo, acaba de recibir su quinta ampliación, ahora hasta el 31 de diciembre de 2026, entre críticas de que sirve para blanquear producción ilegal. A eso se suma la inestabilidad: cinco presidentes y más de diez ministros de Energía y Minas en cinco años.


La herida de México es la certeza jurídica. Las reglas cambiaron, las concesiones nuevas casi desaparecieron y las empresas exploradoras empezaron a irse. Si a eso se añaden la inseguridad y la extorsión en zonas mineras, el resultado es un país con enorme potencial geológico y muy poca inversión para descubrirlo.

Y comparten una herida común: el agua, la relación con las comunidades y la obligación de demostrar que la minería deja desarrollo local y no solo extracción.


Perú tiene inversión pero le sobra ilegalidad. México tiene instituciones pero le falta certeza. Cada uno tiene lo que al otro le duele.


Seis puentes para un acuerdo binacional

1. Un bloque de la plata y el cobre. México, Perú y China concentran más de la mitad del suministro mundial de plata. Negociar juntos, frente a Estados Unidos, la Unión Europea y Asia, temas de minerales críticos, trazabilidad y valor agregado daría a ambos un peso que por separado no tienen.


2. Formalización de la pequeña minería. México tiene experiencia institucional en financiamiento a pequeños mineros. Perú enfrenta el reto de formalización más urgente del continente. Un programa técnico de intercambio en formalización, financiamiento y trazabilidad del oro beneficiaría a ambos.


3. Proveedores mineros sonorenses hacia Perú. Es el puente más rápido. La cartera peruana necesita ingeniería, equipo, mantenimiento y servicios ambientales; los proveedores de Sonora tienen la experiencia y hoy enfrentan una demanda interna frenada. La infraestructura corporativa ya existe: Southern, de Grupo México, opera en Sonora y es el principal inversionista minero en Perú.


4. Talento y universidades. Convenios entre universidades sonorenses con carreras de minería, metalurgia y geología y sus pares peruanas, con intercambio de estudiantes, prácticas cruzadas e investigación conjunta en automatización y relaves. Para lograrlo hay que resolver un obstáculo práctico: Perú es el único país de la Alianza del Pacífico cuyos ciudadanos necesitan visa para entrar a México, y ya pidió reconsiderarlo.


5. Agua y minería en el desierto. Sonora y el sur peruano comparten la escasez. Desalinización, reúso de agua y manejo de jales son conocimientos que pueden transferirse en ambas direcciones.


6. Un observatorio binacional de relación con comunidades. Ambos países tienen casos de éxito y conflictos documentados. Sistematizar lo que funciona sería una aportación con conciencia social real, más allá del discurso.


Sonora como bisagra

Sonora puede ser la puerta de entrada de Perú al corredor norteamericano y, al mismo tiempo, Perú puede ser el mercado de expansión de la proveeduría sonorense mientras se destraba la situación en México.


No hace falta esperar a la diplomacia federal. Un Encuentro Minero Sonora–Perú, con mesas de proveeduría, formalización y talento, convocado por cámaras, asociaciones gremiales y universidades, podría adelantarse a la agenda de las cancillerías y entregarles una propuesta ya construida.


Las alianzas que sobreviven a los cambios de gobierno son las que construyen las instituciones, no los discursos.


Lo que puede salir mal

Sería deshonesto presentar este escenario sin riesgos. La relación diplomática tiene apenas dos meses y nació de una crisis. El vencimiento del Reinfo en diciembre puede detonar conflictos sociales en Perú. La Alianza del Pacífico, el marco natural para esta cooperación, quedó debilitada tras los desencuentros políticos de los últimos años.


Por eso cualquier acuerdo debe apoyarse en actores con continuidad: cámaras empresariales, colegios de ingenieros, universidades y asociaciones de proveedores. Los gobiernos pueden firmar; las instituciones son las que sostienen.


La oportunidad

El mundo necesita cobre y plata para la electrificación, los centros de datos y la transición energética. México y Perú tienen ambos metales, la experiencia y la geología. Lo que les ha faltado es mirarse como socios y no como competidores.


La ventana está abierta. Si el empresariado sonorense la aprovecha con visión y responsabilidad social, podría convertir una reconciliación diplomática en una alianza productiva con impacto real en ambas naciones.


Fuentes

Cancillería del Perú y SRE (comunicados del 7 y 20 de agosto de 2026); Instituto de Ingenieros de Minas del Perú; Ministerio de Energía y Minas del Perú; The Silver Institute, World Silver Survey 2026; Cámara Minera de México, Informe Anual 2026; INEGI; Instituto Peruano de Economía; Ley N.° 32537 (Perú); Asociación de Ingenieros de Minas, Metalurgistas y Geólogos de México.

 
 
 

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