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Del descontento a las movilizaciones: los frentes que se le abren al gobierno de Sheinbaum

A un año de iniciado el nuevo gobierno federal, el país vive un ambiente social complejo: múltiples sectores productivos y socia

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les han comenzado a expresar su inconformidad en las calles y en la opinión pública. Aunque las encuestas mantienen a la presidenta Claudia Sheinbaum con niveles de aprobación superiores al 60%, ese respaldo no ha sido suficiente para contener el avance de los frentes de descontento que se acumulan en diversos puntos del país.


El tono confrontativo del gobierno, especialmente cuando deslegitima la autenticidad de las protestas, ha tensado la relación con transportistas, productores del campo, organizaciones empresariales, docentes, personal de salud y familias de desaparecidos. Expertos advierten que el enfoque gubernamental, más reactivo que estratégico, ha permitido que el malestar crezca de manera exponencial.


El malestar productivo: inseguridad, economía lenta y falta de inversión


Los sectores productivos han levantado la voz ante una realidad evidente: la economía no despega.La inseguridad en carreteras y zonas agrícolas afecta a transportistas y productores; Coparmex y cámaras empresariales alertan sobre menor inversión, procesos paralizados y la ausencia de políticas claras para recuperar competitividad.


En los primeros nueve meses del año, México solo creó 46 mil empleos formales, contra 500 mil puestos generados por la informalidad, lo que confirma una parálisis económica. A pesar de los discursos triunfalistas sobre una supuesta Inversión Extranjera Directa de 41 mil millones de dólares, esa cifra no se traduce en actividad real: los indicadores industriales cuentan otra historia.


La manufactura sigue en recesión, la construcción registra una caída superior al 35%, las remesas —históricamente el ancla económica de millones de familias— cayeron por primera vez en años, y Pemex continúa en niveles mínimos de producción, arrastrando al resto del sector energético.


Movilizaciones sociales: un mosaico de inconformidades


El descontento no es generalizado, pero sí lo suficientemente amplio como para convertirse en una presión política sostenida. Agricultores, maestros, trabajadores del sistema de salud, jóvenes sin oportunidades, víctimas de violencia e incluso comunidades afectadas por las recientes lluvias han encontrado un punto común: la sensación de que no son escuchados.


Cada frente, por separado, puede parecer manejable. Pero juntos empiezan a formar una imagen de desgaste acelerado para un gobierno que, apenas en su primer año, enfrenta el reto de administrar poder en lugar de ejercer oposición.


La resistencia de quienes tardaron 30 años en llegar al poder


El mayor problema no es la existencia del descontento, sino su narrativa. La 4T llegó al poder enarbolando la lucha contra la corrupción como bandera moral y política. Sin embargo, esa bandera hoy ondea —como la de un barco pirata con el viento a favor— en un mar de dudas, contradicciones y decisiones que no siempre corresponden a las promesas de campaña.


La transición de movimiento a gobierno no ha sido sencilla. La falta de resultados palpables en los sectores productivos, sociales y económicos abre un riesgo real para el oficialismo: la pérdida anticipada de capital político.


Un primer año sin luna de miel


La luna de miel terminó antes de tiempo. El desgaste llegó acelerado y las demandas sociales se multiplican. Si el gobierno federal no corrige el rumbo, fortalece su diálogo con los sectores productivos y genera resultados económicos tangibles, estos frentes abiertos pueden convertirse en la principal amenaza para la estabilidad política y económica del país.


En política, la percepción pesa tanto como la realidad. Y hoy, la percepción dominante es que el país avanza lento, mientras el descontento avanza rápido.

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