¿IP le apuesta a Mexico y le vuelve a creer al gobierno?
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por Aurora Retes Dtora Voz Empresarial
Sin Estado de derecho, la inversión no es desarrollo: es apuesta.

Casi mil empresarios acudieron a la Primera Reunión del Consejo para la Promoción de la Inversión, un encuentro que marcó un giro simbólico en la relación entre el gobierno federal y la iniciativa privada.
En el evento se anunció un paquete de inversión en infraestructura por 5 billones 600 mil millones de pesos, mientras que el sector privado manifestó su disposición a invertir 436 mil millones de dólares hacia 2030.
El mensaje público fue de respaldo y optimismo. Sin embargo, el contexto obliga a matizar el entusiasmo.
La decisión de invertir se da en medio de un entorno persistente de baja certeza jurídica, debilitamiento del Estado de derecho y una regulación cada vez más compleja, factores que durante años han sido señalados por los propios empresarios como frenos a la competitividad y al crecimiento.
La pregunta de fondo es inevitable:¿esta inversión es resultado de una nueva confianza o de una apuesta forzada ante la falta de alternativas?
Después de siete años de distanciamiento entre el gobierno federal y el empresariado mexicano, el reencuentro ocurre bajo una lógica distinta: la inversión se espera no este condicionada a acuerdos políticos y que sea sustentada en reglas claras, instituciones sólidas y certidumbre de largo plazo.
Surgen entonces varios retos clave:
¿Dónde quedan las pymes? El discurso se concentra en grandes montos y grandes jugadores, pero el 99% del tejido empresarial mexicano —las pequeñas y medianas empresas— sigue sin claridad sobre su papel, acceso a financiamiento, incentivos o protección frente a la sobre regulación.
¿Es fe o pragmatismo? Parte del sector empresarial parece optar por “creerle” al gobierno, no necesariamente por convicción, sino por cálculo: un país estancado no es negocio para nadie.
¿Miedo a las consecuencias? Otra lectura incómoda apunta a que algunos empresarios prefieren alinearse para evitar represalias fiscales, regulatorias o administrativas, cediendo nuevamente la rectoría económica al gobierno.
Riesgo es claro: invertir sin certidumbre no es confianza, es vulnerabilidad.
La verdadera prueba no será el anuncio de cifras millonarias, sino si esta nueva etapa se traduce en:
reglas claras,
respeto a los contratos,
inclusión real de las pymes,
y un entorno donde invertir no sea un acto de fe, sino una decisión racional.
