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"No es la herramienta, es el ecosistema": el diagnóstico de la IA para las PyMEs mexicanas


La inteligencia artificial no llega a México como una varita mágica ni como una amenaza lejana: llega como una herramienta cuyo valor depende, por completo, del ecosistema que la rodea.


"El problema no está en la herramienta", resumió Rodríguez con una imagen que se quedó sobre la mesa: alguien inventó el martillo y sirvió para construir, hasta que otro lo usó para romperle la cabeza al vecino, y en ese instante el martillo se volvió un problema.


La Red Global MX nació en San Francisco en 2006 y este año ce hace años. La Red Global MX nació en San Francisco en 2006 y este año c

irige desde hace años. La Red Global MX nació en San Francisco en 2006 y este año


Una red que teje confianza a escala global

Antes de la tecnología, Rodríguez habló de la persona, y de una organización que dumple dos décadas.


Hoy suma 71 capítulos en el mundo, presencia en 34 países y en todos los continentes —hubo incluso grupos que llegaron a la Antártica— además de 24 nodos dentro de México.


Trabaja de la mano del Instituto de los Mexicanos en el Exterior, de la Secretaría de Relaciones Exteriores y de la red de embajadas y consulados.


Su función, explicó, es articular el talento mexicano disperso por el planeta y ofrecer a los empresarios lo que llamó soft landing: un aterrizaje suave.

Un sonorense que quiere hacer negocios en Seúl, Londres o Tokio no llega solo, sino de la mano de un connacional que ya conoce el terreno.


"Es complicadísimo cuando alguien te presenta a un chino; es sencillo cuando te encuentras a un mexicano de Guaymas en China", ilustró.

T

ras la desaparición de ProMéxico, la Red intentó cubrir parte de ese vacío de vinculación internacional, sin costo para quien se acerca.


La palanca que la informalidad estaba esperando


Uno de los momentos más provocadores llegó al hablar de las PyMEs y de la economía informal, que ocupa cerca del 60% de la actividad del país.


Ahí, sostuvo Rodríguez, la IA representa una oportunidad enorme: permite a personas con muy pocos recursos generar soluciones que antes exigían tiempo y personal que no tenían.


El camino que propuso es concreto: automatizar un proceso propio, comprobar que resuelve un problema real y, si es replicable, comercializarlo.

Y con la IA, subrayó, el mundo se abre de golpe. Una solución creada en español puede traducirse en minutos al inglés o al chino y ofrecerse a toda Hispanoamérica o más allá.


Los dos errores y el "estar listo para la IA"


¿Cuál es el error número uno de las PyMEs frente a la inteligencia artificial? Para Rodríguez son dos, y son extremos opuestos.

Uno es la sobreexpectativa: creer que la IA es un Harry Potter que con una varita resuelve la vida. El otro es el miedo o la distancia: pensar que es cosa de Silicon Valley y no del negocio de veinte colaboradores en cualquier estado del país.

"Regularmente la verdad está en medio", apuntó.


El obstáculo real, dijo, es que la mayoría de los procesos de una empresa no están conformados para adoptar la tecnología. A eso se le llama estar AI ready.

Ahí es donde entra el acompañamiento: ubicar a la organización, ordenarla y dejarla lista. La IA no soluciona todos los problemas —matizó—, pero multiplica la capacidad de resolverlos.


Coatlicue: la pregunta no es cuánto cuesta, sino para qué


Sobre la supercomputadora nacional anunciada por el gobierno —una inversión de alrededor de 6 mil millones de pesos, unos 350 millones de dólares, con una capacidad prometida de 314 petaflops— Rodríguez fue cauto.


La cifra, dijo, es apenas poco más del 1% de lo que Estados Unidos destinó al supercómputo en un solo año, y sin conocer los detalles técnicos es imposible juzgar si es mucho o poco.


Pero volvió, otra vez, al fondo del asunto. La máquina puede servir para construir gemelos digitales y análisis de datos de alto poder, o puede terminar mal aprovechada.

Incluso dentro de la Red Global MX, reconoció, hoy desconocen el estatus real del proyecto.


El verdadero cuello de botella


Si algo dejó la conversación es que el desafío mexicano frente a la tecnología es,

antes que técnico, humano.


La confianza —esa piedra angular que a los mexicanos nos cuesta tanto construir— es la condición que ningún procesador puede fabricar. Las empresas la necesitan entre sí; el país la necesita para atraer al mundo.


Y la IA, por más potente que sea, no reemplaza a quien decide para qué usarla.

La tecnología, en pocas palabras, no viene a resolvernos la vida. Viene a revelar de qué somos capaces cuando el ecosistema está bien orientado. El resto —como quedó claro en la mesa de Voz Empresarial— sigue estando en nuestras manos.

 
 
 

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